jueves, 1 de enero de 2009

VIGILIA



Has muerto…
Atrás quedó tu punzante reverberar estrellado,
has fenecido tras cerrar tus fauces imaginadas.
La mano ejecutora sucumbe ante los incisivos flagelos matutinos
y el eco de un grito lastimero has dejado al sigilo.
Tres gotas derramadas en un cáliz expiatorio sólo han permanecido en el saldo.

Un lamento convulsionado,
el taladrar de un reloj y
un vaso seco de sed
simulan risotadas diabólicas
que aturden las silentes paredes.

Has muerto noche, has muerto y
mi paciente cadáver reposa junto al tuyo.

Eduardo Sastrías


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