jueves, 21 de junio de 2012


El silencio del poeta



Abandonaron  el recinto llenas de terror.
Día a día fueron violentadas y reprimidas.
Callaron agotadas  y extenuadas
no quedó sino el blanco silencio
quien fue testigo de semejante atropello.
El tiempo dio rienda  suelta a su tarea de verdugo
y las cubrió todas de una buena vez.
Se cansaron de luchar contra la mediocridad
Se cansaron de llorar de impotencia
Se cansaron de gritar ante tanta soberbia
Se cansaron de escuchar su propio eco
Se cansaron simplemente  de hablar.
La mordaza del olvido las silenció.
El régimen se llenó de miedo
Y fue así que  las aplastó una por una…
Por ser peligrosas,
Por ser libres,
Por ser auténticas.
El rumor y la ignorancia,
el prejuicio y la arrogancia
fueron los tiros de gracia.
El poeta de pie soportó quedarse  sin amigos,
sin techo, sin horizonte, sin amor, sin pasado
y sin futuro, mas hubo de sucumbir
al quedarse sin palabras.

 Eduardo Sastrías


DOCE


 

 

 


Doce son los meses que miran silentes

al paso de las cuatro estaciones.

Doce  los elegidos  en la última cena.

Doce los años encerrados en el baúl

que velan los pasos y van muriendo de pena.

Doce suspiros marcados por un reloj acompasado.

Doce las velas que chispean el vino decantado

teñido de rojo y de olvido.

Doce, mana  el arcano del cometido

y doce eran las tribus de Israel.

Doce las horas del medio día

que requeman el  cálido verano

sediento de paz y un poco de miel.

Doce del año apocalíptico

que mutila el templo mítico

y enciende el altar de la nueva era

 

Eduardo Sastrías