miércoles, 13 de febrero de 2013

MIÉRCOLES DE CENIZA


Miércoles de ceniza en tu cara la muerte hoy no se ríe,
pesa la frente por la cruz hecha con el dedo acusador.
No importa lo que hagas, para ellos muerto ya estás,
la túnica de la soberbia apesta al sudor del pecado
y los oros reflejan el brillo de la lujuria…
Miércoles de ceniza en tu cara la muerte hoy no se ríe.
                                                             
                                                      Eduardo Sastrías 
                                                                                          

domingo, 10 de febrero de 2013

CON "M" DE MUERTE



Hace un par de años, por estas mismas fechas, escribí un artículo que considero aún vigente y que en su momento fue intitulado “Día de muertos en un país de muertos” (http://complicidades.wordpress.com/2010/10/31/dia-de-muertos-en-un-pais-de-muertos/) , hoy hago referencia al mismo en cuanto a que nuestra patria sigue siendo un país de muertos y desaparecidos, donde incluso a últimas fechas hasta los cadáveres también tienden a desaparecer para regresar casi bíblicamente, eso sí, sin la magia de ser resucitados, pero arregladitos con otra fisonomía como si tal regreso al mundo de los vivos o ¿vivales? obrara algunos cambios en el muertito, otros miles no han corrido con la misma suerte, se quedaron igual de bonitos o feos y tan sólo se les ha dado por desaparecidos suponiendo su trágica muerte. Es así que hay tantos y tantos cadáveres que retozan en este festín de una guerra que se salió de control, si es que alguna vez lo tuvo.
México el país de los muertos vivientes, esos que sin saberlo ya son esclavos y que van a trabajar soportando una Reforma Laboral que dejará sus ahorros, sus esperanzas, su antigüedad, sus prestaciones, su seguridad más muertos que vivos. Otros que sueñan con una vida quimérica mientras cobijan una banca de escuela, universidad o centro educativo, donde la educación también ha muerto y la mente, cual sarcófago, se ha cerrado, para darle paso a alegres calificaciones y grados académicos sin casi ningún sustento más que el “cliente tiene la razón” y que sumarán los tantos egresados a la otra vida, la improductiva que los enfrentará a las raquíticas y agonizantes oportunidades de empleo.
El otrora país dicharachero ve un idioma agonizante que se funde en los monosílabos y las “k’s” de jóvenes cerebros atrapados en una realidad virtual de un teléfono celular curiosamente llamado “inteligente”, aclaro el teléfono no el propietario, y que nada tiene que ver con la cruda y cotidiana realidad.
México, el reino del nunca jamás, encerrado en un set de televisión que mató a su incipiente democracia y no le interesa resucitar sino al ancestral opresor que lo tuvo secuestrado por más de setenta años y hoy sufre de una especie de “Síndrome de Estocolmo” que lo arroja de nuevo a sus brazos . El país de un día (el de las madres, del niño, del padre, de la mujer, etc.) en el que las vidas del pueblo son deshechas y hechizadas por una telenovela que habla de un sueño de oropel digno de la más vulgar de las muertes, la del respeto.
México, un pueblo que vive enlutado por la muerte de su identidad y soberanía, una nación que pertenece sólo a algunos y es un espectro para millones, donde la justicia es palabra más que muerta para el grosor de la población y la balanza sólo se inclina a favor de los poderosos y opulentos.
México, la nación que llora ante la tumba donde yacen los restos del alma, la dignidad y la esperanza de cada mexicano honesto y decente que fueron vendidas por treinta monedas de plata y que no alcanzaron para remediar la desesperanza de un país.
México, hoy un país sin huevos, por lo caro que ya están. Un país de 132 voces que gritan ¿por gritar? y millones que callan ¿por callar? encerrados cada uno en su propio mundo, divididos y vencidos.
México el país suicida que para muchos no les ha quedado sino creer que es mejor estar muerto que vivo en este infierno, creyendo el supuesto de que al menos la otra vida será mejor.
México el país asesino que mata sus bosques, sus ríos, su flora y fauna en favor de unas cuantas constructoras; ese que fabrica los sabores y los olores y ha oscurecido sus colores.
Un lugar donde el terror no es producto de la fantasía ni de un montaje “joligudense” sino una realidad diaria para miles y miles y...miles de familias que cual avestruces meten la cabeza en la caja idiota y se entregan devotamente ante la señal televisiva de la “Rosa de Guadalupe”, “Por Ella Soy Eva” o la telenovelucha en turno que opere la magia narcótica de sacarlos de tan triste realidad, sumiéndolos en el falso valor de las cosas y de la vida, postrándolos ante el hedonismo y el consumismo, amputando de un tajo su arraigado ingenio, valor y entereza, esos mismos que les darían la posibilidad de asumir su responsabilidad, un lugar en la sociedad y así sumarse a los recursos sociales, culturales políticos y económicos que los transformarían en ser dueños de sí mismos y de una nación, abandonando la triste y “cómoda” costumbre que otros decidan por ellos.
Un país donde los sueños se venden, y la realidad se ha convertido en pesadilla, donde la soberbia y la petulancia intentan superar al conocimiento siendo la ignorancia la invencible ganadora en favor de los poderosos y dueños de las grandes empresas fabricantes de artículos, autos y demás productos que prometen el idílico “estatus” ofertado mediante sangrantes tarjetas de crédito.
Un país que ha preferido olvidar su historia y que se ha entregado con sumisión ante la voluntad ajena y ha perdido el rumbo de su horizonte confundiendo la esperanza con la mentira.
Un país que vive sumido en el silencio del terror en medio de una esquizofrenia que le hace reír cuando es momento de llorar y llorar cuando es momento de reír.

Eduardo Sastrías Bordes
19/10/2012

domingo, 2 de diciembre de 2012

THE PENDING BRIDGE ( La muerte incompleta)




THE PENDING BRIDGE

(La muerte incompleta)

 

                    “La vida es lo poco que nos sobra de la muerte”  Walt Whitman

 

Hoy en especial, ha sido una tarde húmeda,  el cielo gris acompaña al ocaso del día delineando la silueta del olvido. La casona colinda con el pasado de un verde bosque convertido en una serie de árboles secos cuyas ramas semejan lanzas.

Todo fue abandonado desde hace varias décadas. En el pueblo rápidamente se propagó la leyenda sobre aquella casa abandonada, unos dicen que fue un espíritu del más allá quien vino por las almas de sus moradores, otros hablan de un asesinato y otros más prefieren no hablar del tema. En lo que coinciden todos es que quienes habitaban ahí, un buen día desaparecieron  sin dejar rastro alguno de su partida.

La historia cuenta que una noche  de tormenta mientras Lord Kensignton y su esposa Lady Katsfield cenaban…

Los ojos se me cerraban debido al cansancio, había sido un día especialmente estresante en la oficina, un virus logró colarse en los sistemas informáticos y por ende se tuvo que trabajar prescindiendo de ellos mientras el personal de tecnología de la información limpiaba los servidores y revisaba todo el sistema.

Cerré el libro  y apagué las luces, dando rienda suelta a que mi cansado cuerpo se entregara al esperado descanso.

Durante la noche mi perro quien duerme al pie de mi cama  ladró incesantemente  como si alguien hubiera entrado a la habitación, gruñía y se quedaba viendo hacia un punto en especial para luego seguir ladrando. Me levanté de la cama y casi sonámbulo lo saqué de la habitación para que me dejara continuar mi estado onírico.

De repente el despertador  sonó, sentí como si apenas hubiera pasado un minuto desde que me volví a dormir. Al entrar en la regadera mi cuerpo no sentía el agua que corría sobre  de él, me preguntaba si en realidad estaba despierto o era sólo un sueño, quizá estuviera delirantemente  enfermo y mi alucinación me llevaba a la regadera, cambié el curso del agua a sólo fría y aun así no sentía nada.

Al salir de casa y subirme al auto también hubo una sensación como si el coche se manejara por sí mismo, a unos metros de donde iba conduciendo vi un auto exactamente igual al mio, no hubiera sido nada especial sino que al ver la silueta de quien lo conducía se semejaba tanto a mi. Pensé, estos autos son al parecer del gusto del mismo tipo de personas. Entonces traté de alcanzar a aquel auto pero por más que lo intentaba en algún momento salía de mi vista y luego lograba verlo  nuevamente alejándose y acercándose una y otra vez provocándome un enorme abatimiento.

 

El doloroso  rechinido de la puerta me despertó nuevamente, las luces del despertador estaban apagadas, intenté encender la luz, pero no hubo respuesta, la energía eléctrica se había interrumpido. El viento soplaba con gran fuerza y la lluvia azotaba las ventanas como queriendo  entrar con desespero a la habitación. Los rayos iluminaban la habitación por segundos, en eso sentí algo húmedo junto a mí. A la luz del siguiente relámpago pude observar una mancha oscura en mi cama, me levanté de un saltó y  tenté en el buró para encontrar mi teléfono celular,  dirigí la luz a la mancha, mis manos  y las sábanas estaban teñidas de sangre, me encaminé al clóset y busqué una linterna en la caja de herramientas, a cada rayo que caía la habitación se iluminaba y sobresalían las manchas de la cama y de mis manos. Por fin encontré una pequeña linterna, al encenderla  su luz  se esfumó casi de inmediato, la lluvia y el viento parecían querer llevarse todo a su paso, como pude me dirigí a la cocina y en uno de los cajones encontré una vela misma que encendí con el fuego de la estufa. Mi perro gruñía y al dirigir la luz hacia él sus ojos parecían reflejar un brillo poco usual. La puerta de entrada de la casa tenía rastros de  haber sido golpeada a punta de hachazos, en eso la estancia se iluminó por las luces de un auto que llegaba. Me asomé por la ventana y vi lo que parecía ser mi propia silueta manejando mi auto. Quise salir  pero la puerta estaba atrancada, en el suelo se encontraba  el hacha que mostraba resquicios de sangre, la tomé por el mango, corrí  a una de las  ventanas  y me dispuse a darle un buen golpe, en eso un rayo cayó justo en el techo de la casa, todo se cimbró, por el impacto los vidrios de las ventanas se desquebrajaron y entró una estela brillante de humo que se introdujo por mis fosas nasales; de inmediato sentí una punzada en mi vientre, debajo de la piel sentía algo viviente que se movía con urgencia, era  una mano que luchaba por salir, subía y bajaba como buscando la manera de encontrar una escapatoria. De nuevo un relámpago  me cegaba, al mover mi brazo para tapar la luz con mi mano mis ojos no podían creer lo que veían, mi mano había sido amputada  y el hacha se encontraba  a mis pies con restos de sangre. Afuera salía del auto aquella silueta que semejaba a la mía, el torrencial aguacero y la escaza luz apenas permitía  ver con claridad de quién se trataba. Escuché como la cerradura de la puerta  comenzaba  a girar, me desesperaba la oscuridad, di un paso atrás esperando ver  como se abriría la puerta.

Unas voces al otro lado  indicaban que eran varias personas quienes intentaban entrar; con la única mano que me quedaba tomé el hacha para recibir a los intrusos.

La puerta se abrió de par en par y de un golpe las luces se encendieron, la escena cambió, todo lucía diferente, estaba en mi casa frente a esa puerta pero todo había cambiado en un segundo.

Un par de niños un tanto adormilados cargando sus juguetes entraban junto a una mujer.               – Váyanse directo a la regadera  y se ponen sus pijamas mientras les preparo algo de cenar, les  decía aquella mujer que al parecer era su madre.  Atrás  venía un hombre llevando unas bolsas del supermercado.  La lluvia había cesado por completo, de hecho no había rastro de lluvia, al entrar aquel hombre quien curiosamente tenía mi misma complexión  no me vio como tampoco se percataron de mi presencia su mujer e hijos; siguieron su camino y cuando estaban a punto de estrellarse contra mi pasaron a través de mi cuerpo.  No daba crédito a lo que pasaba, seguro era una terrible pesadilla,  de la que por alguna razón no podía despertarme, corrí a mi recámara con la peregrina idea de que al regresar a mi cama encontraría la manera de despertar;  todo había cambiado, los muebles eran otros, mis libros habían desaparecido por completo, las paredes tenían un tapiz que me parecía de pésimo gusto,  había un espejo enorme que colgaba de la pared, me paré frente a él pero no me reflejaba, estaba aterrado, no entendía que pasaba, veía como mis ropas estaban deshilachándose y tenían huellas de moho. Me llevé la única mano que tenía a la cara y vi que mi piel era una delicada capa de pellejo seco.   Los niños corrían y pasaban a través de mi casi etéreo cuerpo que poco a poco se iba desintegrando, al ver hacia abajo sentí como se desprendía uno de mis ojos y caía al suelo como una canica.  Di la vuelta y en el quicio de la puerta vi a uno de los niños que se quedaba quieto como si pudiera verme, soltó de gritos desesperados, sentí vergüenza de mí mismo, no quería ser visto; en qué me había convertido. De inmediato llegó la madre del niño y lo calmó,  ambos dirigieron su mirada hacia donde yo me encontraba, - cálmate Robertito, es sólo una araña. El arácnido corrió por la pared que se encontraba detrás de mí cuando percibió la cercanía del golpe mortal con una pantufla.

No entendía qué había pasado, quién era yo en realidad, nada me pertenecía, mi cuerpo parecía abandonarme, la incertidumbre me abrumaba, el juego de mi mente se preguntaba una y otra vez en qué me había convertido. Quise salir corriendo de ese lugar que ya no era mío, pero las paredes y las puertas me repelían. Quién era yo, me preguntaba, lo que me definía había desaparecido, yo mismo estaba descomponiéndome pedazo a pedazo.

Corrí hacia el patio  y me encontré con un perro que tampoco era el mío, el animal parecía verme, era un perro peludo de tamaño mediano, seguramente adoptado ya que no presentaba una raza clara. Con sus ojos puestos sobre el único ojo que a mi me quedaba, ladró con insistencia hasta que salió su dueño y lo reprimió por el ruido que hacía.,

 - “ tranquilo perrito , tranquilo , no te voy a hacer nada” , le dije; esa frase sonó en mi mismo más que trillada, pero al parecer el perro lo creyó y se calmó, luego a pasos sigilosos se acercó a mí mientras yo le llamaba.  Ya que estaba junto a mí movió  su cola  peluda demostrando su confianza y alegría, levantaba su hocico como haciéndome señas  y a  brincos  me  indicaba que lo siguiera, así lo  hice, el perro corrió hacia uno de los muros  y a mi sorpresa lo traspasó, me detuve  y toqué el muro esperando que me repelara como había sucedido con los otros muros de la casa, sin embargo vi como mi brazo se hundía en aquella pared, de repente me vi entrando en un túnel, el perro ladraba  y me rodeaba para que no me apartara mucho de él.  A dónde dirigía aquel túnel, de hecho no era un túnel muy común ya que no se escuchaba ningún eco y la temperatura era en sí inexistente, el perro ladraba de con un tono de alegría, como si fuera a algún lugar conocido.

A lo lejos se veía una luz, me apresuré para llegar a esa intensa emisión, pero al siguiente paso una mano  salió del suelo  y me jaló  hacia ella hundiéndome en una especie de pantano, de nuevo todo era oscuridad, arriba sólo se escuchaban los ladridos de aquel perro , el cuerpo decadente  que alguna vez fue mío me pesaba más, quería deshacerme de él, lo viscoso de ese especie de pantano hacía que la carga fuera aún mayor,  al intentar moverme para salir a la superficie mis miembros se iban resquebrando primero mis piernas, luego lo que quedaba de mis brazos,  mi tórax tan  fuerte en otro tiempo se desintegraba en cada intento de mantener mi YO decadente.

Los ladridos  se escuchaban  cada vez más cercanos, sentí como unos dientes tiraban de lo que quedaba de mí  hacia la superficie, era aquel perro, ahora alado que con premura me llevaba en su lomo hacia el final del túnel que estaba por cerrarse, a toda velocidad volaba hacia la luz a la vez que lo que quedaba de mi marchito cuerpo se iba desintegrando, llegamos al final del túnel y nos encontramos con un mar que centellaba varios azules nunca antes vistos, sin palabras el perro alado me dijo que a ese lugar se le conoce como el cauce  donde se encuentra la vida y la muerte,  le llaman el mar del perdón.

Al fondo un resplandor celestial nos esperaba. La vida y la muerte deben fluir, me dijo, y así me dejé llevar.

 

Eduardo Sastrías

 

jueves, 21 de junio de 2012


El silencio del poeta



Abandonaron  el recinto llenas de terror.
Día a día fueron violentadas y reprimidas.
Callaron agotadas  y extenuadas
no quedó sino el blanco silencio
quien fue testigo de semejante atropello.
El tiempo dio rienda  suelta a su tarea de verdugo
y las cubrió todas de una buena vez.
Se cansaron de luchar contra la mediocridad
Se cansaron de llorar de impotencia
Se cansaron de gritar ante tanta soberbia
Se cansaron de escuchar su propio eco
Se cansaron simplemente  de hablar.
La mordaza del olvido las silenció.
El régimen se llenó de miedo
Y fue así que  las aplastó una por una…
Por ser peligrosas,
Por ser libres,
Por ser auténticas.
El rumor y la ignorancia,
el prejuicio y la arrogancia
fueron los tiros de gracia.
El poeta de pie soportó quedarse  sin amigos,
sin techo, sin horizonte, sin amor, sin pasado
y sin futuro, mas hubo de sucumbir
al quedarse sin palabras.

 Eduardo Sastrías


DOCE


 

 

 


Doce son los meses que miran silentes

al paso de las cuatro estaciones.

Doce  los elegidos  en la última cena.

Doce los años encerrados en el baúl

que velan los pasos y van muriendo de pena.

Doce suspiros marcados por un reloj acompasado.

Doce las velas que chispean el vino decantado

teñido de rojo y de olvido.

Doce, mana  el arcano del cometido

y doce eran las tribus de Israel.

Doce las horas del medio día

que requeman el  cálido verano

sediento de paz y un poco de miel.

Doce del año apocalíptico

que mutila el templo mítico

y enciende el altar de la nueva era

 

Eduardo Sastrías

miércoles, 30 de mayo de 2012


EL ECLIPSE



Desde el día anterior la veía cómo se asomaba una y otra vez por la ventana que da a la calle, reflejaba cierta ansiedad como si estuviera a la espera de alguien.

Su mirada era taciturna y pareciera que su mente estuviera  divagando por otros mundos. El sonido del agua hirviente de la sopa que preparaba en la cocina la volvió a la realidad.

Casi veintiún años habían pasado desde aquel día en que el cielo se oscureció presagiando la muerte de su amado.  Nada pudo sacarla de aquel eterno trance. En su interior estaba segura que Adrián regresaría por ella en cualquier momento.

Aquel día habían quedado de encontrarse cerca de la Alameda Central, era ya casi la una de la tarde y Mariana caminaba a paso veloz para llegar puntual a la cita; en eso  todo fue silencio, las aves volaban de regreso a sus nidos. El viento tenía un cierto acento frío.  El cielo comenzó a oscurecerse.  Mariana corrió al primer techo para guarecerse de la tormenta; sin embargo ninguna gota de agua cayó. Se rió de sí misma  al ver la mirada expectante de las demás personas al cielo, el sol era ocultado por la luna.  Una energía extraña le cubrió de armonía, tenía la sensación de que el cosmos y ella eran uno mismo. La luna continuó su órbita dejando atrás la penumbra, el ruido de los autos rompió el encanto, a lo lejos se escuchaba una ambulancia, la gente volvió a su autómata andar. Cruzó la avenida para ingresar a la alameda, vio un montón de gente que se había detenido a observar algo en el suelo.  De entre ellos salían unos paramédicos cargando una camilla. Mariana se acercó y notó como una parvada de palomas volaban al paso de la camilla. No lo podía creer, Adrián había cerrado sus ojos para siempre antes de que ella llegara.  Con permiso señorita dijo el camillero, es, es mi novio apenas alcanzó a decir Mariana.  Lo siento acaba de fallecer, un infarto, acompáñenos, ¿sabe si tiene familiares?...

De nuevo Las aves han regresado  a sus nidos, las arañas corren en busca de su telar, los nudos se han desatado, el silencio es total, el viento sopla con gran intensidad. El volcán se ha coronado con la ceniza que exhala, las espigas danzan al ritmo de una melodía que susurra la palabra “beautiful”. El sol ha muerto por unos minutos cubriendo el cielo de luto. El sonido de los cohetes que ahuyentan los demonios rompe el silencio, Mariana despierta de su letargo.

Al igual que hace casi veintiún años su vida ha quedado  en espera de algo. Hoy más que nunca ella sabe que el tiempo se ha cumplido. Por unos minutos la paz colmó el firmamento y nos miró a todos.

Mi pequeño perro se acurrucó entre mis pies mientras el sol danzaba en camino a su ocaso. Sentado desde la banqueta yo aún la veía. 

Subió las escaleras para llegar a la terraza, alzó sus brazos y dio un gran salto; de su espalda, como si le hubieran pertenecido desde siempre, brotaron un par de enormes alas. Emprendió así el vuelo hasta perderse en las nubes que se habían teñido de rojo.                                         

                                                                               Eduardo Sastrías Bordes

miércoles, 4 de abril de 2012


LA VIDA CONTINÚA



La vida continúa
como el cauce del río al mar.
Las ausencias duelen sólo por un rato
después viene el proceso de olvidar;
El pasado no existe y el futuro es incierto.

Nos aferramos a los sueños,
esos que nos dan esperanza
la misma que permaneció encerrada
en la caja de pandora tantos y tantos años.

Sorteamos la soberbia y la petulancia,
las heridas aún duelen por la última caída,
las palabras quisieran encontrar la salida
del laberinto de la indiferencia

El nombre hemos perdido
en las calles del olvido...
La vida continúa, nos avienta sin dilación
a otra comarca y en otra estación.

 La vida continúa


Eduardo Sastrías