jueves, 21 de junio de 2012
Doce son los
meses que miran silentes
al paso de
las cuatro estaciones.
Doce los elegidos en la última cena.
Doce los
años encerrados en el baúl
que velan los
pasos y van muriendo de pena.
Doce
suspiros marcados por un reloj acompasado.
Doce las
velas que chispean el vino decantado
teñido de
rojo y de olvido.
Doce, mana el arcano del cometido
y doce eran
las tribus de Israel.
Doce las
horas del medio día
que requeman
el cálido verano
sediento de
paz y un poco de miel.
Doce del año
apocalíptico
que mutila
el templo mítico
Eduardo
Sastrías
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario