Te esperé como todos los días,
como todos los añoscon todos sus meses.
Me perdí en el laberinto del “ya llegarás”...
Nunca tocaste la puerta que dejé entreabierta.
Te inventé en mis sueños
y me alimenté del hambre de una quimera
que se ha pegado a mí como una sombra enferma.
No pude sino en mi loca mente inventarte
para atreverme a desearte.
Te esperé hoy en el minuto
que marca la hora del día de la semana
del mes y del año que no apareciste.
Borré el tiempo con la sal de una lágrima
que escondí en la olas del mar.
Dejé de escuchar mis lamentos y los huecos
sonidos de bocas ajenas.
No existes más, nunca has sido,
ni serás la tonta aventura mental
que ha querido tomar el timón
de mi vida sentimental.
Te esperé y después de tanto tiempo
no me queda sino inhumarte
en aquel sepulcro inerte
que te he preparado.
Eduardo Sastrías
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